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Como en un siniestro y trágico juego de la oca, Luis Nicolás Mateos ha viajado
de la posada a la cárcel en una sola tirada de dados. Mejor expresado, de las
suites de los más exquisitos hoteles de lujo a las celdas de la prisión de
Sangonera. Al trullo. Al talego.
El empresario murciano fue durante unos años, los de la explosión
inmobiliaria, uno de los más fieles ejemplos del enriquecimiento rápido. Muy
joven, muy alto y de buen porte, se inició en la actividad urbanística con
actuaciones basadas en la pura especulación: la adquisición y rápida venta, a
precios muy superiores, de viviendas cuyo número iba aumentando
exponencialmente a medida que el negocio comenzaba a prosperar.
Con los primeros cientos de miles de euros en sus cuentas y el crédito que
entonces le otorgaban las entidades bancarias, Luis Nicolás Mateos se embarcó
en la más ambiciosa de sus aventuras: el desarrollo de un resort de lujo en el
norte de Brasil, junto a la localidad de Natal, donde pretendía construir un
total de 12.827 viviendas en torno a campos de golf y a un lago natural junto
al cual pretendía plantar 40.000 palmeras y otros 8.000 árboles de especies
protegidas.
La idea, sobre el papel, era magnífica. El complejo se iba a levantar en una
zona paradisíaca de Brasil, con cuatro kilómetros de espectaculares playas
vírgenes a un tiro de piedra y con un clima tropical en el que la temperatura
media ronda los 28 grados centígrados. Por si faltaba algo, lo índices de
inseguridad ciudadana son de los más bajos del país, los precios son mucho más
que asequibles, Brasil es una de las economías emergentes y con más proyección
turística y, además, y pese a que resulte difícil creerlo, esa zona es la más
cercana a España de todo el continente americano: sólo siete horas de vuelo
son necesarias para cruzar el charco.
Tales argumentos no tardaron en seducir a cientos de compradores, que
confiaron su dinero a un hombre que en pocos días se había creado una potente
imagen cubriendo decenas de vallas publicitarias con la marca Nicolás Mateos,
y empapelando incluso los autobuses urbanos de Murcia con una espectacular
publicidad de Lagoa do Coelho.
Ahora, esas personas parecen haber perdido su dinero y Luis Nicolás se
encuentra ya en prisión. Aunque ello, probablemente, no sea suficiente
consuelo para los aparentes estafados.
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