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El Banco de España ha cedido a las presiones de aquellos presidentes de
bancos y Cajas de Ahorro con inspecciones en curso, de modo que los equipos
inspectores destacados en las mismas hagan su trabajo en Madrid, en las sedes
representativas que el banco o caja en cuestión tenga en la capital de España,
para de esta forma evitar la alarma que su presencia podría causar entre
empleados y clientes. “Es que si no me retiras ahora mismo a los inspectores de
aquí, me vas a quebrar la Caja”.
Es la protesta enardecida que un notorio presidente de Caja de Ahorros en apuros
realizó hace escasas fechas ante el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel
Fernández Ordóñez, MAFO, alarmado por los efectos que un equipo integrado por
cinco miembros enviados por la Dirección General de Supervisión a la sede
central de la Caja estaban causando entre los trabajadores y clientes en cierta
capital de provincia. .
Hasta antes del verano, la presencia de los inspectores del BE en la sede
central de las Cajas era tolerada mal que bien, porque todavía la crisis no
había hecho su aparición con toda virulencia, pero después del verano el asunto
se ha vuelto crítico. El Banco de España ha intensificado las tareas de
vigilancia de acuerdo con su conocida política de aplicación de los “test de
esfuerzo”, de modo que algunas entidades están sometidas a algo parecido a una
intervención encubierta desde Madrid.
Ocurre, sin embargo, que la presencia en la sede de una capital de provincia de
un equipo de inspectores procedentes de Madrid de ninguna forma puede pasar
inadvertida, sobre todo cuando no se esconden en un despacho. “No no puede ser;
es que no se quedan trabajando en un despacho que les hemos puesto, como
siempre, viendo los papeles que les vamos facilitando, sino que andan moviéndose
entre los empleados preguntando por la operativa y pidiendo explicaciones. Si no
me los llevas de aquí, me quiebras la Caja”.
En consecuencia, y ante “la queja generalizada”, el Banco de España ha aceptado
que los equipos de inspección, en lugar de realizar el trabajo de campo sobre el
terreno y en las sedes de, valga el caso, Barcelona, Sevilla, Cuenca o La
Coruña, lo hagan en las instalaciones que la mayoría de las entidades tienen en
Madrid, “siempre y cuando el banco o Caja en cuestión tenga una mínima
infraestructura en la capital”, donde su trabajo pasa mucho más desapercibido y
no crea sensación de alarmismo. Lo cual, de forma inevitable, “provoca un ir y
venir considerable de documentación a través de mensajería”.
Presiones de las cajas
El asunto ha sido particularmente comentado en la sede del banco emisor en
relación con una caja de presidente socialista, que hace ya un par de meses
recibió un destacamento de cinco inspectores en una capital de provincia. Las
protestas del presidente en cuestión ante MAFO consiguieron al menos un par de
cosas: llevarse por delante al inspector senior que comandaba le grupo, que fue
apartado del mismo, y hacer volver a todos a Madrid, donde han empezado a
trabajar en la oficina de representación de la Caja en la capital.
Lo mismo ocurre con otra notoria caja gallega, que tiene a los inspectores
trabajando en su oficina madrileña “donde desde hace tiempo tiene instalada su
Dirección General de Riesgos”. Naturalmente que la situación no se circunscribe
a esconder a los inspectores del BE llegados de Madrid, sino que en buena lógica
se extiende a las presiones sobre los mismos para lograr rebajar la dureza de
sus informes y evitar la eventual imposición de sanciones.
De acuerdo con la última información disponible (ver noticia), la tasa de
morosidad media de las Cajas de Ahorro a 31 de octubre pasado se elevaba ya al
3,23%, por encima del listón del 3% que había llegado a rozar en septiembre
(exactamente el 2,917%), según datos de la Confederación Española de Cajas de
Ahorros (CECA). Siete Cajas contabilizaban a esa fecha una mora superior al
4,5%. En tres de ellas, la tasa se situaba entre el 5% y el 6%. Dos entidades
rebasaban ya el 6%, y una en concreto estaba instalada en el 6,40%.
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