Cada vez está más extendida la idea de que sin
abordar el saneamiento integral del sistema
financiero, España no superará la crisis
galopante en que se encuentra. No habrá puerta
abierta a la recuperación económica sin solución
previa para el sistema de Bancos y Cajas, lo que
equivale a decir sin un saneamiento integral de
los Balances, condición
sine qua non para
que vuelva a fluir con normalidad el crédito a
particulares y empresas. ¿Cuánto valen de verdad
los activos de nuestras instituciones
financieras, antaño “las más saneadas del mundo”
según versión oficial? Los préstamos que el
sistema financiero tenía concedidos a finales de
2008 ascendían a 1,86 billones de euros (de los
cuales 1,15 billones correspondían al
inmobiliario: 660.000 millones en hipotecas a
particulares; 330.000 en crédito promotor
-nuestra
subprime-, y 160.000 a
constructoras). Expertos del sector estiman que
a día de hoy la morosidad (publicada más
encubierta, dado que bancos y cajas se están
quedando con grandes cantidades de activos),
alcanza ya el 25% del total, lo que equivale a
decir que la morosidad inmobiliaria (a la que
habría que añadir una mora estimada del 9% para
los 700.000 millones de créditos no
“ladrilleros” -consumo, empresas, agricultura,
etc.-), ronda los 287.000 millones, cifra que se
compara con unos fondos propios para el conjunto
del sector de 173.000 millones.
Incluso los más optimistas aceptan unas
pérdidas finales para Cajas y Bancos del orden
de los 200.000 millones de euros, cifra que
rebasa de nuevo la suma de capital y reservas de
todo el sistema. La conclusión es que el
sistema financiero está quebrado en su
globalidad, y que “será necesario inyectar
alrededor de 300.000 millones de euros”, en
opinión de fuentes del Banco de España (BE),
“una parte de los cuales se recuperarán con la
venta posterior de activos hoy calificados como
tóxicos”. Este diario publicó el viernes que la
tasa de morosidad del sector de Cajas a 28 de
febrero pasado superaba ya el 6% hasta en 9
entidades, mientras en 6 más se situaba entre el
5% y el 6%, de acuerdo con los datos “cocinados”
que las propias entidades facilitan a la CECA.
Como ocurre con el paro, también aquí asombra la
velocidad con que se está deteriorando la
solvencia del sistema: si a finales de diciembre
pasado había 7 Cajas con una morosidad superior
al 4,5%, ahora mismo son ya 20 las que superan
ese ratio. Solo una puede hoy presumir de una
mora inferior al 2%.
Ante esta situación, ¿qué hacer? Una importe
corriente de opinión de economistas próximos al
PSOE o francamente dentro del mismo (Ontiveros,
Sebastián, Pérez, Serra, Gómez Navarro, De Paz)
viene proponiendo tras las bambalinas del Poder
una especie de “nacionalización” más o menos
encubierta de aquellas entidades con problemas,
mediante la inyección masiva de recursos
públicos y el reemplazo de los gestores
responsables del desastre por lo que algunos
llaman “comisarios” políticos. Se trata de una
tesis de la que huye espantado el
establishment (el oficial y el privado), con
Pedro Solbes a la cabeza, un
hombre con el que, sin embargo, resulta
imposible atar cabos, capaz como es de sostener
una cosa y su contraria de forma casi
simultánea, aunque siempre sin mojarse en el
cómo, cuándo y cuánto de ese saneamiento, porque
todo en él es un mero flirteo con los problemas,
un dejarse ir en la duda permanente, una callada
exaltación de esa filosofía tan española de
procrastinar las dificultades en el altar de “no
hay mal que cien años dure”.
Pero la situación está adquiriendo tal
gravedad, la asunción del problema niveles tan
generalizados, que varias han sido las
intervenciones que esta semana han venido a
poner sobre el tapete la cuestión, seguramente
para espasmo de un Gobierno desbordado por los
acontecimientos. El viernes, en Bilbao,
Francisco González (BBVA) se mostró
partidario de una intervención selectiva en
aquellos bancos y cajas con problemas pero con
futuro, porque “mantener en pie a una entidad
irremediablemente dañada mediante ayudas
públicas, afecta negativamente al funcionamiento
del sistema y perpetúa la desconfianza". Más
ilustrativas han sido las palabras de Miguel
Martín, actual presidente de la patronal
bancaria AEB. Para el que fuera subgobernador
del BE con Rojo, solo deben recibir ayudas las
entidades financieras viables. Las que no lo
sean deben caer, y los malos gestores, ser
apartados. Un canto a la disciplina y un
recordatorio, ante la Comisión de Economía del
Congreso, de que en España se han producido ya
varias crisis bancarias y en todas se han
utilizado con éxito las mismas fórmulas de
rescate, siempre a través de las fusiones y del
FGD. Todo inventado. Nada de inyecciones masivas
e indiscriminadas de recursos públicos.
Claro que Martín fue también director general
de Supervisión del BE en tiempos de
Mariano Rubio (“Míreme a los ojos,
señor Rubio”, que dijo Hernández Moltó,
hoy presidente de la quebrada Caja Castilla La
Mancha, CCM), un hombre que, a estas alturas, ya
hubiera metido mano sin piedad en más de una
entidad, con desprecio a los paños calientes.
¡Qué gran momento para un nuevo dúo del tipo
Boyer, ministro de Economía, y Rubio, gobernador
del Banco de España! A primeros de los ochenta,
ambos tuvieron que vérselas con una crisis
bancaria que se llevó por delante hasta 60
entidades, desaparecidas en el envite, con el
Banco de Navarra encabezando la fila. Frente
aquel dúo, el que hoy forman Solbes y
Miguel Ángel Fernández Ordóñez, sin
comparación posible. Frente a aquel Banco de
España, el que hoy gobierna un MAFO empeñado en
una gestión cortoplacista de la crisis, corta de
miras, partidaria y sectaria en grado sumo.
Ni Solbes ni Fernández Ordóñez están a la
altura
El desconcierto del momento lo representa
como nadie un Solbes que el viernes afirmó que
el Estado ayudará a las entidades “que hayan
actuado correctamente en cuanto a solvencia y
cuenten con unas cuentas públicas saneadas”. Y
¿para qué necesitan ayudas las entidades sin
problemas, señor mío? Dijo también que las que
no sean capaces de mantener su solvencia y
sanear sus balances deben “dejar de ser
jugadores del sistema”. Estamos en las mismas:
¿les va a retirar usted la ficha bancaria? Y lo
confirma un MAFO cuyo acercamiento a la realidad
de la crisis sistémica está quedando retratado
con la estrategia puesta en marcha en la caso de
CCM. Oscurantismo en grado superlativo, y
pérdida de prestigio de la institución en igual
medida. En lugar de realizar “stress test”
entidad por entidad, para determinar quién debe
recibir ayudas y quién echar el cierre, se trata
de tapar las vergüenzas de los amigos,
simplemente porque el presidente de la Caja es
un destacado socialista y está ubicada en una
CC.AA. gobernada desde siempre por el PSOE. Esa
es la altura de miras que MAFO está exhibiendo
en este caso. Hay que salvar una caja quebrada
endosándosela a otra sana, con riesgo evidente
de contaminar por esa vía todo el sistema a
plazo fijo.
Y con tintes pintorescos. La Caja manchega ha
anunciado un beneficio consolidado de 30
millones de euros para el ejercicio 2008 y toda
suerte de ratios en teórico crecimiento. ¿Cómo
justificar, en estas condiciones, la petición de
ayudas al FGD para la fusión con Unicaja
tratándose de una entidad que supuestamente está
en beneficios? Es el nudo gordiano de la
cuestión, la clave del arco en que se asienta
una crisis llegada para quedarse mucho tiempo:
las entidades financieras no quieren reconocer
la realidad, se niegan a descubrir sus
vergüenzas, esconden su situación con el
respaldo tácito del Gobierno, vía Solbes, por un
lado, y del Banco de España, por otro, que se lo
consienten. ¿Resultado? Será imposible abordar
el saneamiento integral del sistema, salvando
lo que merezca ser salvado, en un proceso que se
antoja imprescindible para que la economía
productiva empiece a funcionar. Y esto no es un
ataque al BE. El problema no es el BE, sino las
políticas que se hacen desde un BE instalado en
el oscurantismo, que ha permitido una grave
relajación de la disciplina. Tampoco se trata,
obviamente, de anunciar los problemas a bombo y
platillo: la discreción en el tratamiento de los
temas no debe ni puede estar reñida con la
determinación de abordarlos y, sobre todo, con
la transparencia.
Y aquí Martín (AEB), tan certero en el
análisis, podría hacer algo más. Podría, por
ejemplo, proponer a la banca un simple ejercicio
teórico consistente en valorar el activo de
Balance a precios de mercado (mark to market),
como trimestralmente la banca norteamericana
está obligada a hacer, en lugar del precio de
adquisición utilizado para tal menester por
estos pagos, con el beneplácito del BE. Sin
tocar el Balance. Simplemente para ver qué pasa.
¡De susto! Como no se va a hacer tal cosa,
seguiremos sin saber quién está bien y quién
mal. El Estado, vía Gobierno, compra activos
tóxicos y otorga avales a ciegas, porque
sencillamente no hay arrestos, ni liderazgo, ni
fibra moral suficiente para coger ese toro por
los cuernos. El resultado es que si un
empresario quiere crédito, la banca se lo da,
aunque con una condición: que sea usted sea tan
solvente que en realidad no lo necesite, y si lo
necesita esté dispuesto a pagar intereses que
rozan el 15%, ello con el Euribor al 1,9%.
Con buen sentido, Francisco González ha
pedido un pacto de Estado, “un acuerdo
nacional”, “un gran contrato económico y social”
capaz de crear riqueza y empleo en la senda de
un nuevo modelo económico más competitivo. Al
poner la pelota en el tejado de la clase
política, el presidente del BBVA ha venido a
colocar al Gobierno Zapatero frente a una
responsabilidad que de lejos le desborda. Peras
al olmo. Una vez más se pone de manifiesto la
característica esencial del momento, que no es
otra que la coincidencia en el tiempo de una
crisis económica y financiera de caballo, con
otra institucional y de liderazgo, crisis
sistémica, de proporciones desconocidas hasta
ahora. Poco que esperar de una oposición incapaz
de desprenderse de una vez por todas, con la
contundencia debida, de la copiosa nómina de
“chorizos” engominados que pueblan sus listas
municipales, y de un Gobierno de chichinabo, sin
ideas, paralizado por la categoría del envite
que nos ha tocado vivir, de dimensión histórica.
Solo queda esperar.